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Mal trago de Carlos Bassas del Rey





Mal Trago
Autor: Carlos Bassas del Rey
Pag. 247
Editorial Alrevés

Cuando abrí la novela Mal trago de Carlos Bassas del Rey me bastó leer la primera frase de su primer capítulo para saber que encerraba el germen de lo que iba a ser la trama de una buena novela. Lo supuse y lo confirmé al tiempo que avanzaba en la lectura. Una primera frase de esas que siempre buscas para ese primer capítulo de la novela que estás escribiendo, que envidias y te lleva a preguntarte: ¿cómo nunca se me ha ocurrido una igual?

Mal trago es una novela policíaca. La tercera en la que el autor confía en el inspector Herodoto Corominas para protagonizar una compleja trama de denuncia social y de enredadas relaciones entre padre e hijos, relaciones o más bien malas relaciones auténticas, reales como la vida misma. Una novela en la que la vida pasa por los personajes y, al tiempo que se mezcla con torturadores recuerdos, les va dejando tal impronta que llega a constituirse en parte sustancial, fundamental, de la trama. Corominas, padre y marido ausente, entregado a su trabajo nos muestra en esta ocasión parte de un aterrador pasado que marcará sus actuaciones.

Una casa en demolición en Ofidia, un espectáculo al que asisten impertérritos curiosos observadores. El descubrimiento de  una caja fuerte u oculto en ella el cadáver de  un niño vestido de Primera Comunión. Este inicio pone en marcha al inspector Corominas y da el pistoletazo de salida para la investigación. Una petición de rescate no atendida por parte de una persona influyente en Ofidia (ciudad de nombre inventado, en la que se puede reconocer cualquier pequeña ciudad de provincias) y ni siquiera comunicado a la policía. Otro colegial desaparecido, otra petición de rescate a otro empresario que acepta con tal de salvar la vida de ese pobre niño y el miedo de Corominas de no llegar a tiempo acelera las pesquisas llevándolas por cauces, en algunos momentos, poco legales. El propósito de Herodoto es dar con el secuestrador y asesino,  para ello recurre a todos sus contactos actuales y pretéritos y a técnicas de interrogatorio muy persuasivas. En este punto, la trama se vuelve frenética hasta dar con el asesino, que no imaginas en ningún caso quién es ni tampoco por qué lo hace. Hurgando en su  pasado, Corominas, descubre, como suele ser habitual, una serie de motivaciones inconscientes y conscientes ancladas en su infancia como posible causa de su interés por matar a los niños y, sobre todo, por vestirlos de Primera Comunión, cerrando así el círculo de la investigación. Un inesperado giro final en la resolución del caso te lleva a la auténtica realidad, «la verdad». Un magistral final para esta novela de policías. Una vez más, nada es lo que parece.

Escrita de forma impecable, con frases cortas y cuidados diálogos, me ha llamado la atención como Carlos Bassas salpica su obra de citas en latín (traducidas, por supuesto) —puestas en boca del inspector—, no sé si reducto de su formación humanista con las que va sembrando semillas para la reflexión. Además, al igual que me sucedió cuando leí la novela de Pere Cervantes, La mirada de Chapman, me ha parecido ver en los nombres de los personajes de esta novela cierto guiño hacia determinados autores del género negro y policial. Como ya escribí, en el caso de la novela de Pere, es el autor el que debe decirnos si es cierto o simplemente es fantasía de la calenturienta mente de una psiquiatra escritora de thriller que en todo alcanza a encontrar determinadas relaciones.
 
Estamos ante una muy buena novela, de las que saborear poco a poco. Te la recomiendo. No te vas a arrepentir porque los humanos vivimos y la vida conlleva, sin atisbo de duda, Malos tragos. 




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