domingo, 30 de enero de 2011

Bajo los tilos

Bajo los tilos es el título de mi segunda novela, que ahora vuelvo a recorregir. No es una novela romantica, aunque sí trata del amor. Del amor incomprendido, del amor que es desamor, del amor filial que busca respuestas hasta dónde nos la hay...
Os traigo un pequeñito fragmento del capítulo 2 en el que la protagonista conoce a su alma gemela
La película El diario de Noah, una de mis preferidas, el video que acompaña es una maravilla y tiene la canción traducida.
Es lo mejor que puedo daros en esta melancólica tarde de domingo. Gracias por estar ahí.


No creo que haya hombre mejor en el mundo. El caprichoso azar, nos llevó el mismo día, a la misma hora, en el mismo instante a elegir en una videoteca la misma película, El diario de Noah. Cuando nuestras manos toparon sobre la caja que la contenía, nos sorprendimos. Superados los momentos de perplejidad, él se disculpó con esos buenos modales que le caracterizan, y yo sentí un hormigueo en las piernas al advertir en su rostro aquella atractiva y cálida sonrisa, de la que me enamoré. Me invitó a su casa para ver el film y acepté. De eso hace ya cuatro años y nunca nos hemos separado.
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miércoles, 26 de enero de 2011

Este jueves un relato: Imagen disparadora de Musas


El encuentro
Cuando el avión comenzaba a rodar por la pista de despegue, Richard apretó los puños. En la ventanilla se estampaban las gotas de lluvia dejando una estela que descendía por el fuselaje hasta perderse en la inmensidad del espacio a la vez que la aeronave adquiría más velocidad. Cerró los ojos y musitó una oración; un ritual que cumplía cada vez que viajaba. Después, aflojó el nudo de su corbata y reclinó el asiento. Deseó que en Berlín hiciera mejor tiempo. Berlín, la espléndida ciudad de su infancia, la derrotada, de su primer amor y ahora, la  cosmopolita en la que cada mes se reencontraba con su amante.
Nunca imaginó vivir en otro lugar, a pesar de que su pasado le esperaba acantonado en los resquicios de su mente listo para atormentarle a la menor ocasión. Sin embargo, cundo lo destinaron a  Inglaterra, se sintió desolado. No tenía familia, pero si un pequeño círculo de buenos amigos de los que se había despedido con la esperanza de regresar pronto; no fue así. Llevaba treinta años en Londres y ya lo consideraba su segunda casa. Londres, un buen lugar para vivir, un magnífico lugar para enamorarse, a pesar de su avanzada edad.
Marie, era bella, jóven y muy francesa; se conocieron en una fiesta en la embajada israelí. Ni la gran diferencia de edad, ni el marido celoso, fueron obstáculo para su amor. Alquilaron un pequeño apartamento en la capital alemana, donde se reunían una vez al mes; su “nid d’amour” le llamaba ella.
En Berlín también llovía. El taxi que le trasladaba dio un rodeo; el centro de la ciudad estaba colapsado. Se celebraba una fiesta en la calle y cientos de transeúntes iban de un lado para otro; habían cortado el tráfico para los vehículos. Richard se encontraba perplejo, odiaba los cambios; su seguridad se anclaba en la rutina, en la cotidianidad. Lo máximo que se permitía, sin que su salud mental peligrara, eran esos encuentros mensuales con su amada. Compró un ramo de peonías y bombones de licor, sus preferidos. Se la imaginó en la cama, con la habitación en penumbra y una tenue luz con la que solía leer un libro mientras le esperaba. La impaciencia le llevó a subir los escalones de dos en dos y cuando llegósin resuello a la tercera planta, se recompuso y abrió con la llave que celosamente guardaba de miradas indiscretas. La llamó por su nombre, una vez, dos, tres…sin obtener respuesta. Ningún rastro de Marie. Fue al dormitorio. Vacío. Tiró las flores y el chocolate sobre la cama y abrió la ventana de par en par. Le faltaba el aire. Miraba, sin ver, hasta donde alcanzaba su cansada vista.  Le pareció distinguirla a lo lejos, aquella forma de caminar... No era ella. Mujeres, hombres y niños deambulaban de un lado para el otro; Escuchaba sus risas y cantos mientras aireaban pequeñas banderitas al son de los cánticos. Se vio con diez años, en la Puerta de Brandeburgo, que ahora divisaba desde la ventana, cogido de la mano de su madre. También llevaba un banderín con el que saldaba a los soldados que desfilaban, entre los que estaba su padre. Sacudió la cabeza para alejar aquellos oscuros y turbios pensamientos.
Algún día tenía que suceder. Él era sólo un viejo obsesivo y maniático. Habría encontrado a otro hombre. Un joven y que le diera lo que él ya apenas podía darle si no era con la pastillita azul, se dijo. Se sentó en la cama, escondió la cabeza entre sus piernas y lloró. Jamás lo había hecho.
El sol se ocultó con parsimonia hasta convertir la habitación  en una lúgubre cueva. Richard se tumbó sobre la colcha y cerró los ojos. La vio en su sueño vestida con un elegante traje negro. Olía a vainilla, y le daba la bienvenida con los brazos abiertos. Marie, Marie..., murmuró entre dientes. Estoy aquí, cariño. El avión salió con retraso y olvidé cargar el móvil por eso no te llamé, susurró ella. Abrió los ojos y la vio: vestía de negro, olía a vainilla y sonreía. Se pellizcó, ¿soñaba?...

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miércoles, 19 de enero de 2011

Este jueves un relato: Túnez: ¿Te importa lo que ocurre en otro sitio?


LA AUTÉNTICA VERDAD

El profesor de Teoría de la Comunicación de la Facultad de periodismo plantea en clase el tema de la importancia de la noticia, su difusión y la receptividad de la misma. Pone de ejemplo a sus alumnos los recientes incidentes en Túnez en que las protestas concluyeron con el derrocamiento de Ben Ali y la formación de un nuevo gobierno.
Siguiendo el método deductivo comienza lanzando la pregunta más general:
--¿Cuántos de los estáis aquí sabéis localizar geográficamente a ese país?
De los cincuenta, tan sólo diez se aproximan al dar referencia sobre su situación por lo que el profesor, enfadado, les recrimina su pobre cultura general.
A continuación les interroga sobre qué conocen de ese país. Casi todos levantan la mano y responden que sus hermosas playas de azules y cristalinas aguas y blanca arena. Un lugar estupendo para ir de vacaciones.
Algo más contento, por lo menos saben que tienen playas, piensa, les pregunta por el grupo étnico y su religión; responden a coro que moros. Estupefacto por la carga peyorativa que intuye es aquella respuesta, indaga sobre lo que saben del derrocado gobierno. La mayoría reconoce que no sabían nada de él hasta ahora.
--Había un dictador y su pueblo harto de que cada vez fuera más rico y a ellos de subieran cada día el precio de los alimentos, se echó a la calle, para manifestarse en contra. Al final el dictador se ha ido y dicen que su mujer se ha llevado una tonelada y media de lingotes de oro, pero eso debe ser una exageración porque a ver cuántas maletas necesitaría para meter todo ese oro. Imposible --dice el alumno más avispado.
Conforme avanza en sus pesquisas el profesor decepcionado se da cuenta de que no han llegado a la esencia de los hechos ocurridos. Se han quedado en el epifenómeno, y eso se debe a su escaso interés –les reprocha.
--Vosotros, futuros periodistas, no podéis ser así, tenéis que estar al cabo de la calle, conocer en profundidad, ser empáticos con los protagonistas de la noticia…; si cala en vosotros, la sufrís, haréis una valoración adecuada y justa, de esa manera, quizás, lleguéis mejor al público, que ese es otro cantar, porque a ver chicos, contestadme con sinceridad, ¿Alguno de vosotros se ha sentido mínimamente conmovido por lo que le está ocurriendo al pueblo tunecino?
Ninguna mano se alza.
--¿Alguno de vosotros ha seguido con interés esta noticia?
Una chica levanta tímidamente la mano.
El profesor aliviado, suspira y le pide que explique el por qué de su interés.
--A mi novio le ha pillado todo este jaleo allí, estaba de viaje de fin de carrera y lo repatriaron aprisa y corriendo. Yo estaba muy preocupada por si le pasaba algo.

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sábado, 15 de enero de 2011

¡Qué razón tiene!



COMO NACE UN TEXTO

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.
Jorge Luis Borges

Aquí estoy esperando esa revelación...;-)
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miércoles, 12 de enero de 2011

Este jueves un relato: Historias calentitas

De lunes a viernes, desde hacía seis meses sube, a las cinco de la tarde en punto, en el ascensor con ella.

El primer día que coincidieron, Daniel quedó atrapado en aquellos labios aterciopelados, que dejaban al descubierto unos perfectos dientes blancos. Turbado ante tan excelsa visión sólo fue capaz de balbucear que iba a la séptima planta. Yo me quedo en la quinta, respondió ella, al instante.
El segundo, se fijó en sus enormes ojos verdes de larguísimas pestañas; el tercero, en la tersura de su piel bronceada, el cuarto en su contorneado cuerpo…. Así, un día tras otro, se fue enamorando de su compañera de cubículo.
Cuando llega a la oficina, lo primero que hace tras sentarse, es mirar por la ventana fantaseando con aquella boca que le susurra palabras de amor mientras le besa y mordisquea en la oreja; con esos luceros que le suplican expectantes y sedientos de sexo; con acariciar aquella sedosa piel; con fijar sus manos a las anchas caderas mientras la atrae hasta escuchar el palpitar de su corazón.
Desde hace semanas planea la manera de acercarse a ella, de hacer realidad la fantasía. Ensaya el inicio de una conversación que le lleve a una cita, a una cena, a su cama…
Los nervios le han traicionado y ha sido incapaz de probar bocado. Mira el reloj cada poco tiempo; fracciones de segundos que a él le parecen horas. Por fin, el, el gran día. Los dos entran en el ascensor y cuando las puertas están a punto de cerrarse Daniel se vuelve hacia la chica para hablarle. De pronto, una mano se interpone y queda a la vista la figura de una esbelta y atractiva mujer. Ambas se miran y se sonríen cómplices. De nuevo, esos níveos dientes y los voluptuosos labios, le pellizcan en su estómago vacío. Se encoge para dejar sitio a la extraña.

Todo su plan se ha ido a la mierda. ¿Cuándo juntaré el suficiente valor para intentarlo de nuevo?, piensa, mientras contempla estupefacto como su enamorada pulsa el botón de stop y el ascensor se detiene entre la segunda y tercera planta. Ambas, riendo, lo acorralan en el rincón. Una le besa con pasión mientras con la lengua le explora en profundidad; la otra, le lame el cuello con deseo voraz, como si fuera una enorme bola de helado de chocolate que se derrite por el calor. A Daniel le domina la impaciencia. Más risas, frases vacías y dedos largos de cuatro manos posados en su bragueta, que le sacan de su letargo, que le vuelven loco, que le hacen elevarse hasta el cielo. Palabras obscenas, divertidas, ardientes; caricias febriles que no cesan. Le aprietan, le comprimen, juguetean con él; mientras, crece, crece y crece…

Tras, tras…

—Don Daniel, venía a decirle que le esperan desde hace un rato. ¿Está bien?

—Sí, no te preocupes. Creo que he dado una cabezada… —responde aturdido.

—Por favor, pasen —dice la secretaría.

—¡Vosotras! —exclama Daniel desconcertado.


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lunes, 10 de enero de 2011

Novela negra

Hoy 10 de enero se cumplen 50 años de la muerte del creador de la novela negra, Dashiell Hammett (1894-1961). Estadounidense, de padres franceses, dejó la escuela a los 13 años y tuvo varias empleos antes de formar parte como invetigador en la Pinkerton National Detective Agency de Baltimore, fundada por Allan Pinkerton en 1850, y que se hizo famosa  al  descubrir un complot que pretendía asesinar al presidente electo, Abaham Lincoln,  quien después emplearía agentes de Pinkerton para su seguridad personal durante la guerra civil.
Hammett transforma la novela de detectives en novela negra.
Las historias detectivescas de origen fundamentalmente europeo y sobre todo inglés, se fundamentaban como explica P.D. James, 2009 en  un crimen misterioso, normalmente un asesinato, en torno al cual se centra todo; un círculo cerrado de sospechosos, todos con móvil, medios y oportunidades para haberlo cometido; un detective, aficcionado o profesional, y al final del libro una solución a la que el lector debría haber llegado por deducción lógica a partir de las pistas introducidas.
Con las novelas de Hammett, el detective adquiere un protagonismo que procede de su propia personalidad y los singulariza como ejemplares únicos para conformar la típica novela negra. Son tipos solitarios, desengañados, irónicos, duros, hombres acostubrados a abrirse camino a codazos en los ambientes más hostiles y que parecen apreciar menos la propia vida que el dinero,bebedores para ahogar sus frustraciones, fumadores y siempre ambivalentess ante la elección entre el bien o el mal. Muchas de estas características las tiene Sam Spade, el detective creado por Hammett para su novela El halcón maltés (1930) al que el cine puso rostro, el de Humphrey Bogart, en la película del mismo nombre dirigida por John Huston, con la que se inició el género de cine negro.
La Asociación Internacional de Escritores Policíacos otorga anualmente el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett durante la Semana Negra de Gijón a la mejor novela policíaca escrita en español. En su última edición fue el premio fue para Guillermo Orsi (Argentina) por Ciudad santa.


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domingo, 9 de enero de 2011

Vuelta al trabajo


Se acabaron las tan ansiadas vacaciones y ahora toca el retorno a la vida laboral.
Mejor que peor nos iremos adaptando a levantarnos más temprano, a darnos una ducha rápida, secarnos el pelo a la velocidad del relámpago, salir corriendo y casi sin desayunar porque se nos ha hecho tarde, a estar muchas horas fuera de casa, volver de noche sin poder tirar de tu alma... entre otras; y todo ello marcando en el calendario los días que nos quedan para las próximas (este año la Semana Santa cae casi a finales de Abril. ¡Dios mío! qué trimestre más largo). En los tiempos que corren considero que tener un trabajo al que volver, es todo un lujo.
Como no me quiero poner trascendental, os dejo el regreso al trabajo en imágenes (extraídas de internet), por aquello de que una imagen vale más que cien palabras o ¿eran mil? jajaja. Bueno seguro que muchas y mejor que lo que yo pudiera comentar.
Y que conste que yo vuelvo con gusto al trabajo...no sé otros, ya me comentáis.







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miércoles, 5 de enero de 2011

Este jueves un relato: ¡Ya vienen los Reyes Magos!

José María salió con sigilo de su casa la mañana del domingo. El resto de la familia dormía, aún no habían dado las nueve de la mañana. En la mano llevaba un portatrajes que contenía su disfraz de rey mago. En el club, como era costumbre todos los años, hicieron un sorteo entre los miembros y le tocó ser el Rey Melchor. Sintió una alegría enorme al imaginarse a su hijo de dos años y medio sentado en sus piernas mirándole asombrado con sus enormes ojos.
Llegó al club y ayudó a preparar el escenario. Lo adornaron con motivos navideños y cerca de los tronos colocaron los sacos con los juguetes que repartirían. Media hora antes de que comenzara la visita de los niños empezó a vestirse con mucha ilusión: la túnica roja, el cinturón dorado y la peluca blanca. Delante del espejo se colocó la larga barba blanca. Cuando hubo terminado se puso la capa y lo más importante, se revistió mentalmente del papel que durante tanto tiempo había querido representar y que la suerte, al fin, este año le había regalado.
Desde su asiento vio llegar a su mujer con su hijo de la mano. Se situaron al final de la larga fila de niños que nerviosos y juguetones esperaban su turno. El corazón se le emocionó comenzando un rápido galopar. Cogía a los pequeños y se acercaba a los mayores; les preguntaba por la carta  que habían escrito a los Magos de Oriente y por su comportamiento a lo largo del año. De reojo observaba como su hijo avanzaba puestos. Unos diez minutos después Nacho subía los altos escalones con la ayuda de su mamá y se dirigía hacia el rey Melchor.
Con cuidado lo sentó en sus rodillas. El niño, algo asustado, no le quitaba ojo.
-Que niño más guapo tenemos aquí y seguro que muy bueno, también –aseveró el rey Melchor con una simulada voz ronca.
Un incipiente puchero del niño fue abortado por la madre que le dijo:
-Mira Nacho, este es el rey Melchor, y te va a dar un juguete muy bonito. Dale un beso.
Nacho inmóvil, continuaba muy serio y sin abrir la boca.
-Efectivamente, mi querido niño, soy Melchor. Por cierto, un pajarito me ha contado que la noche de Reyes cuando vayamos a tu casa a dejarte un regalo muy grande, grandísimo, nos vas a dar a cambio el chupete.
El niño seguía mudo, y agarró con todas sus fuerzas el chupe que colgaba de su cuello, sin dejar de mirar fijamente aquellos ojos que la peluca y la barba dejaban al descubierto.
-Anda Nacho, dile al rey que le darás tu chupe –le apremió la madre.
Más le decían, más se enfurruñaba y con más fuerza apretaba su preciada joya. El rey volvió a intentarlo.
-Y dime Nacho…
La pregunta se vio interrumpida. El niño sin dejar de observarle y tirando de sus largas barbas para quitárselas,  preguntaba con su vocecita infantil:
-¿Papá? ¿Papá? ¿Papá?...



Este es Nacho, mi ahijado, y el protagonista de esta anécdota, tal como me la contó su madre, mi sobrina. Ocurrió el domingo pasado. Yo tan sólo le he dado forma literaria. Todo el mérito es suyo.
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domingo, 2 de enero de 2011

Hay un universo de pequeñas cosas...

Hay un universo de pequeñas cosas...Nunca lo olvides. En algunos instantes será tu tabla de salvación.
Bienvenido 2011 y saludos a todos

¿Por qué hay estrellas que brillan pero no se ven?
Y existe gente que nunca llego a conocerAunque los puedo ver

Son los azules heridos del amanecer

Se desprenden del cielo arañándome

Arañándote, arañándote

Hay un universo

de pequeñas cosas

Que solo se despiertan

Cuando tú las nombras

Todo lo que es bello

Está esperando tu mirada

Tengo una caricia

Que sin ti se me derrama

Hay un universo

Hecho de pequeñas cosas

Que vuelan sobre tu cabeza

Si las soplas

Hay atardeceres

Que no acaban de ponerse

Hay un mar entero

Resumiéndose en tu boca

Y yo te juro vida mía que lo surqué

Preguntándole a tu piel

¿Ya no te acuerdas? compañerita mía

Cuando te hablé

De mi universo ¿ves?

No me creías ¿no?

Que existen los rincones

Donde el amor esconde

Todo un universo de pequeñas cosas

En él me está esperando ella

De una nube a otra

No hay una promesa

Que resista aquellas dudas

No hay una caricia

Que le pueda a aquella luna

Y yo te juro vida mía que desde ayer

la luna está, está en tu piel...
Alejandro Sanz


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