miércoles, 29 de septiembre de 2010

Este jueves un relato: Mentiras




Dios o demonio

Al tocar el timbre se escucha una cursi melodía. El edificio es antiguo y no parece que esté rehabilitado. Me abre la puerta enfundada en un ajustado pantalón corto que deja ver sus bronceadas piernas y la parte de arriba de un bikini. Definitivamente es una puta. ¡Va lista si piensa que le voy a pagar!
—Adelante —dice dejándome paso a un destartalado salón adornado como si fuera la pagina principal de una revista de decoración— y ponte cómodo.

Me quito la chaqueta y la corbata y las dejo en el sofá.
—Ven, estaremos mejor en el dormitorio, he puesto el aire acondicionado.

La sigo sin rechistar.

—Eres guapísimo, ¿lo sabías? —dice mientras me ayuda a quitarme los pantalones.

—Tú tampoco estás mal —bromeo mientras desabrocho su bikini para ver sus grandes pechos.

—Me apetecía follarte desde que te vi entrar en el bar —dice la muy puta mientras juguetea con mi pene y se lo lleva a la boca.

Me excita y quiero disfrutar, pero soy yo quién debe llevar la iniciativa.
—Túmbate de espaldas —digo mientras la giro y la empujo sobre la cama—. Así me gusta, boca abajo. A mi entera disposición —musito.

—¡Oye! ¿A ti no te irá el rollo ese del sadomaso? Yo por eso no paso.

—Tú te callas —ordeno.
—¿De qué vas tío?
—De follarte, guarra. No lo notas. Relájate y lo pasaremos muy bien.

La penetro con violencia, como a mí me gusta y grita, la muy estúpida no sabe que eso me pone aún más cachondo. ¡Mierda, joder!
—¿Qué pasa?

—No lo oyes, me llaman al teléfono.

Sin dejar de follarla, cojo el pantalón y saco el móvil del bolsillo. Puede ser que llamen de la oficina.

—¿Diga?

—¿Marcos?

—Dime, Marina —respondo con resignación.

—He llamado a tu oficina y Mónica me ha dicho que estabas con un cliente. ¿Te molesto?

—No, no, dime de una vez, que no me puedo parar.

—Esta tarde no trabajo, si quieres podemos comer juntos. Te echo de menos.

—Yo a ti también cariño, pero no va a poder ser. Este cliente me ha invitado a almorzar para continuar la reunión —digo sin dejar de embestir a la puta—. Si quieres, nos vemos esta noche.

—De acuerdo, hasta la noche. Nos vemos en tu casa, ¿te parece? —pregunta tímidamente Marina.

—Allí nos veremos. Tengo ganas de estar contigo. Te quiero, vida mía.

—Yo sí que te quiero, Marcos. Un beso.

—Igualmente —respondo antes de colgar y desconectar el móvil.

Sigamos con lo nuestro zorra, estoy que reviento.

—Eres un jodido psicópata.

—¿A qué viene eso?

—La que ha llamado es tu novia —recalca.

—¡No te jode! La puta, nos ha salido moralista. ¿Y a ti qué coño te importa?

—La compadezco. No sabe qué hombre tiene a su lado.

—Ni tú tampoco —le digo tirándole del pelo y echando su cabeza hacia atrás hasta que chilla de dolor.


Fragmento de mi novela La caricia de Tánatos

Más mentiras en casa de Gustavo
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lunes, 27 de septiembre de 2010

La magia de la fotografía

Hoy lunes me gustaría compartir con vosotros la belleza. La belleza de estas fotos de un aprendiz que busca día a día la perfección, Alberto, aunque su firma profesional sea Jordan_Dr. Es mi yerno, y no es pasión de suegra, pero hace unas fotografías magníficas.  He puesto a la derecha del blog un gadget de muestra de sus fotos y enlace a su página Flickr por si alguno está interesado y aquí os dejo algunas, en la que la modelo no puede dejarme indiferente porque es mi hija.
Un beso y feliz semana


Princess in her room


                                                      Bokeh Glamour

¡Una maravilla! No dejeis de ver el resto.
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sábado, 25 de septiembre de 2010

LLegó el otoño a la selva de Irati

Bienvenidos al otoño en mi Lugar de encuentro. Ésta, mi casa, la sido redecorada para hacer frente al tiempo que se avecina, más entrañable, acogedora, para que todos los que me visitais sintáis el tener que marcharos.
Me gusta el otoño, aunque donde vivo casi no disfrutamos de esta estación y pasamos del calor del estío al frío del invierno; si no ocurre como el año pasado en que estuvimos literalmente pasados por agua.
Me gustan los colores ocres del otoño y pisar  las hojas caídas que como una alfonbra tapizan los parques.
Buscando imágenes de un auténtico otoño me he topado con este video sobre la Selva de Irati que es espectacular. He disfrutado viendo esas imágenes otoñales, de un espacio natural que ni siquiera sabia que existía (¡Ignorante!).
La Selva de Irati, un nombre con connotaciones mágicas que retrotare al pasado, se enclava en la cabecera del río Irati, en el valle navarro de Salazar, entre la frontera francesa, las Aezkoas y el valle de Roncal. Es un magnífico bosque de hayas que aseguran es el mayor de Europa occidental (17.175 hectáreas). Está muy bien conservado y es todo un espectáculo por estas fechas, cuando las hojas de las hayas amarillean y su cromatismo convierte la Selva en el paradigma del otoño. Es el paraíso de las hojas y del cambio de color, debido a la creciente presencia de abetos blancos.
Guardo la información en mi carpeta de viajes. Sería genial poder visitarlo mientras me conformo con las fotos de juandelzas

   
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

¡Este jueves un relato!: ¿En qué trabajas?

La luna y los lunáticos

En el 21 de Julio de 1969 a las 2:56 de la madrugada, el comandante Neil Amstrong posó sus pies sobre la superficie lunar en el llamado Mar de la Tranquilidad. Por primera vez el hombre llegaba a la luna.
Yo tenía 11 años y un aburrimiento de muerte en aquel tórrido verano, de manera que aquello nos sirvió para crear un nuevo juego para nuestras noches de estío: ser astronautas. Nos subíamos a las verjas que rodeaban los arriates de las casas y con mucho cuidado descendíamos cómo si lo estuviéramos haciendo en el mismísimo satélite terrestre. Yo, que prefería jugar con los chicos antes que con las chicas, más dadas a las traiciones y critiqueos, me convertí en la primera niña/mujer que pisaba la luna por arte de nuestra infantil imaginación.

En Octubre, nada más comenzar el colegio, Sor Victoria, la profesora de lengua y literatura, nos encargó hacer una redacción sobre tan magno evento y yo ni corta ni perezosa la concluí manifestando mis deseos de surcar el inmenso espacio sidera. De mayor sería astronauta.
No sé por qué, ni nunca llegué a saberlo, los motivos de que aquella aseveración levantara una polvareda de palabrerías entre las monjas que terminó con mi llamada al despacho de la directora con la consiguiente reprimenda. ¿En qué cabeza cogía que una niña tan aplicada como yo hubiera escrito tremebundo disparate? ¿Dónde se había visto? ¡Una mujer astronauta! Repetía sin parar, la monja. Nosotras debíamos cuidar de los hijos, del marido y del hogar y como mucho, estudiar una carrerita corta que ampliara nuestra cultura. Ante tal provocación, respondí ruborizada que no estaba de acuerdo con ella y que yo sería astronauta. No frustrarían mis anhelos. En fin, subsiguiente a mi terca respuesta, mis padres fueron alertados, mediante llamada para hablar con la tutora, de mis enloquecedores deseos y yo castigada por escribir lo que no debía.
El tiempo pasó y a la vista está que no he sido una astronauta convencional, pero sí una navegante espacial, aunque sea en el dañado espacio interior de las personas. En ese lugar que mantenemos, incluso, oculto para nosotros mismos y que a veces, el sufrimiento nos lleva a compartir, mediante la palabra, con algunas personas privilegiadas, entre las que, por suerte, me encuentro. A diario me cito con seres procedentes de la luna sin tener que subir a una nave espacial.

Amo mi trabajo y no lo cambiaría por ninguno.

En las  estrelladas noches miro al cielo y recuerdo a esa niña ilusionada por hacer algo distinto, que pretendía salir de la mortecina rutina en la que querían encasillarla, sonrío. Fui afortunada por contar unos padres que me dieron las alas para volar en el ambiente universitario y por encontrar allí a maestros que creyeron en mí y se impregnaron de mis ansias de ser diferente, distinta.
En realidad, lo soy.



 
Mas relatos en casa de Gustavo
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domingo, 12 de septiembre de 2010

Córdoba 2016

Conoce Córdoba


Teniendo muy cerca el día en que se sabrá si pasamos el primer corte en esta lucha por la candidatura a Cordoba 2016 como Capital Cultural, os dejo una serie de enlaces de esta bella ciudad.
!Nos lo merecemos!





Córdoba en 3D: http://simuladero.blogspot.com/
Capital Cultural Cordoba 2016: http://www.cordoba2016.es/
¡Disfrutad!
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viernes, 3 de septiembre de 2010

Homenaje a los Sábados Literarios: Mordiendo el lápiz


El tema propuesto es este: Queremos un final para esta historia:



¿Cómo fue?
¿Cómo fue?... Sí, lo recuerdo… Me acompañaba a casa. Yo estudiaba con las monjas. Él me esperaba en la puerta, con sus libros y sus quince años. Me regaló un anillo de hojalata precioso; lo fabricó con sus propias manos.Venía a mi barrio después de la merienda. Jugábamos a ´matar´ (ese juego de pelota donde apuntas con el balón a uno del equipo contrario, lanzas y, si le das, pasa a ser tu prisionero). Apareció otro chico. Otro chico que se había obsesionado conmigo. Yo no le hacía ni caso, pero él no cesaba en su empeño.
Un día, recuerdo que dejé a la pandilla en la calle y subí con mi amiga a la azotea de casa. Le estuve comentando que andaba hecha un lío: el chico del anillo de hojalata me gustaba; el otro se derretía por mí (y eso también me gustaba). Entonces, mi amiga me agarró del brazo y me llevó al borde de la terraza.
-Mira ahí, abajo (y sacó el dedo de señalar): ese está loco por ti. Y ese otro es tu alma gemela. Ahora, tú decides…
Me di la vuelta, escurrí la espalda en la pared y me senté en el suelo (yo tenía quince años).
-¿Ya? – preguntó mi amiga, después de un largo silencio.
-Sí.
Bajamos. La pandilla esperaba. Había que retomar el juego. Me tocaba formar equipo:
-Me llevo a Rosa, Carmen y José. También, a ´Margarito´ (que era un chico tímido y afeminado).
El turno de mi amiga:
-Elijo a Pedro, Ana, Manu y al Chiqui.
En el banquillo, los dos ´Romeos´… La suerte estaba echada…
Miré a ´la locura´; luego, a mi alma gemela. Volví a mirar a uno… al otro…; segundos densos en los que nos jugamos toda una vida (a los quince años).
Elegí ´la locura´.
Prudencio (el que decía mi amiga que era mi alma gemela) no volvió por el barrio; ni me esperó más a la salida del colegio. Tampoco pude conservar el anillo que me regaló. ´La locura´ dijo que tenía que tirarlo a la basura; y como antes no había contenedores, lo saqué del dedo y lo lancé a los jardines del paseo.
Aquella noche, recuerdo que lloré.

Veinte años después
Toqué la puerta dos veces antes de pasar mientras  desconcertada leía el nombre que, en letras doradas, aparecía en la placa: Don Prudencia Caspe y Barona, abogado. Me sonaba aquel nombre, pero no atinaba a saber de qué. Una secretaria muy amable me indicó que me sentar; en unos minutos me recibiría. La habitación decorada de un modo muy tradicional contrastaba con la minifalda de la chica que con gran desparpajo respondía a las continuas llamadas de teléfono que sobresaltaban mi recogimiento.
No hacía ni dos días que al llegar a casa encontré a mi marido vaciando el armario y llenado una gran maleta que esperaba hambrienta sobre nuestra cama de matrimonio. Se había enamorado de otra, me dijo sin pestañear. Lo tenía todo calculado. No me debía preocupar por nada, puesto que él se ocuparía de mí y de nuestros dos hijos. Al salir dió un apresurado abrazó y me pareció entenderle un lo siento, mientras me hacía entrega de una tarjeta donde había escrito la dirección del abogado que se ocuparía de nuestro divorcio.
Lo cierto es que no me causó extrañeza. El distanciamiento entre ambos era cada vez mayor y cuando me quedé a solas, respiré. Tan sólo me inquietaba el hecho de contárselo a mis hijos.
—Cuando quiera —me dijo abriéndome paso hasta el despacho.
Un hombre alto, delgado, joven pero con una sorprendente cabellera gris plateada y unos intensos ojos azules se levantó de su sillón de piel para estrecharme la mano mientras se presentaba. Me bastaron unos segundos para reconocer su voz. No había cambiado en absoluto, seguía siendo tan penetrante…
—¿No me recuerdas? —le pregunté sin soltar su mano.
—No —respondió seco.
¿Tanto había cambiado? ¿Cómo no podía saber quién era? Estaba enamorado de mí y me regaló un anillo que hizo con sus propias manos.
—Soy Sole —dije decepcionada.
Comenzó a reír mientras me cogía del brazo y me llevaba al sofá donde nos sentamos.
—Perdona que no te reconociera después de tantos años sin vernos.
—Veinte. Toda una vida.
—Lo que es el destino —respondió moviendo la cabeza—, encontrarnos por un asunto tan desagradable; lo único bueno es que tu exmarido parece tener las ideas muy claras, de manera que no creo que este proceso se alargue. ¡Qué barbaridad! Las casualidades de la vida. Por cierto, estás guapísima.
Enrojecí mientras observaba aquellos hoyuelos que se dibujaban en sus mejillas y que tanto me gustaban cuando tenía quince años. ¿Sería aquella una nueva oportunidad del destino para deshacer el error que cometí al escoger al chico equivocado? Aquella locura que me desbordó, me perturbó, me desquició, para desaparecer de mi vida sin una explicación, de la noche a la mañana, después de llevar casi cuatro años juntos.
—Me alegro de encontrarte, aunque sea por esta causa —dije mirándole fijamente a los ojos.
—Yo también. Ahora no podemos dejar que pase tiempo sin volver a vernos. Tenemos que ponernos al día y recordar aquellos años adolescentes. Me encantaría invitarte a cenar a casa. ¿Te parece bien mañana? Hoy tengo mucho trabajo.
Miré sus manos sin descubrir ninguna alianza y suspiré. La vida me sonreía. Mi alma gemela, como le llamaba mi amiga, volvía a mí.
—Dime dónde y a qué hora —respondí.
El edificio era moderno y céntrico. Con desazón toqué el portero automático y el click de apertura no se hizo esperar. Había ido a la peluquería. Estrenaba un traje negro que me encajaba como un guante, un largo collar de perlas y unos tacones altos que me había comprado para estar a su altura.
En el espejo del ascensor di el último retoque al brillo de mis labios y pulsé el número siete. Cuando llegué me planté delante de la letra A, respiré hondo y pulse el timbre.
—Bienvenida a mi casa —me dijo a la vez que me daba dos besos y me empujaba sutilmente hacia el interior.
Una preciosa mesa de comedor en la zona derecha del salón llamó mi atención, no por la belleza de las flores que la adornaban, ni la exquisita vajilla y cristalería, sino por sus tres servicios. Me sentí como una tonta. ¿Cómo podía esperar que aquel hombre siguiera soltero? Me ofreció una copa de cava que apuré hasta el fondo.
—¡Cuidado que la noche será larga! —dijo riendo—. Voy a la cocina un momento a ver el asado.
Sentada en el floreado sofá me sentí ridícula. Tenía que marcharme. Me levante y con sigilo me dirigí hacia la puerta cuando le escuché:
—Nunca te di una explicación.
Me giré y le vi apoyado en el quicio de la puerta. La locura, mi locura, el chico al que escogí. Mi turbación iba en aumento. ¿Jugaban conmigo? Detrás de él, Prudencio se acercó, le cogió de la cintura y le besó.
—Sole —dijo mi locura—, me enamoré de él cuando coincidimos en la facultad de Derecho, pero nunca tuve el valor de confesártelo por eso desaparecí, pero esa cobardía siempre me ha torturado por eso Pruden aprovechó vuestro encuentro y me ha brindado la posibilidad de pedirte perdón por no serte sincero. Imagino que tu confusión será tremenda, pero no te vayas. Disfrutemos del reencuentro, seamos amigos, y además la cena está deliciosa —dijo mirando embelesado a su amor. Es un magnífico cocinero.
Sin palabras me acerqué despacio a ellos. Me abrazaron y lloré.

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

El regreso


Parece que fue ayer cuando colgué el post de "me voy por unos días" y ha pasado casi un mes. Todo llega y todo se termina de modo que aquí estoy de regreso e inmersa de lleno, como debe ser, en el trabajo y ahora ya, también en el blog.
Mis vacaciones, este año, han sido de cuerpo ( sol, baño, tumbona y dormir muchísimo que falta me hacía...) y de mente. Ya os comenté que tenía que dar unos días de asueto  a mis personajes que me estaban machacando demasiado, al punto de que llegaon a convertirse más en una obligación que en una diversión. De manera que tal como me lo propuse les dejé la puerta abierta y ellos, ni cortos ni perezosos, como buenos curiosos se fueron a otras playas donde vivir su verano. Os tengo que confesar que alguna que otra vez, intentaron regresar, pero yo me he mantenido firme llenando mi mente con la lectura  de magníficas novelas de las que he aprendido muchísimo. 
Espero que todos os encontreis bien y que no tengais sindrome postvacional. Nos leemos en el próximo sábado literario de Mercedes. Un beso.

Por cierto, la vuelta al trabajo genial, si no fuera por el despertador....jajajaja.

Éste lo ha tenido seguro peor.


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