domingo, 31 de enero de 2010

Sábado literario de Mercedes

¡Hola a todos! Solo faltan cinco días para que el bus parta en próximo 6 de febrero.
Espero que tengais vuestros relatos a punto. El tema, para el que sea olvidadizo es: UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.
Sé que algunos ya lo han escrito. Otros estarán como yo mareando la perdiz, para escoger de entre todas las posibles, aquella segunda oportunidad que tenga interés para el lector.
Me gustaría pediros un favor, que el relato o el poema que escribais no sea demasiado extenso (es decir no más de 40 paginas....jajaja). Somos muchos y pasar por todos los blogs lleva tiempo. ¡Que digo! lleva días... 
El interés de esta convocatoria reside tanto en la escritura sobre un tema, como en la lectura de todo lo escrito para aprender de los comentarios que nos hacen, o para cabrearnos porque no nos visitan, o porque nuestro relato no ha gustado, o porque ha gustado pero no lo han entendido, o porque hay que ver lo que me han escrito tan desagradable, o porque yo tengo menos comentarios que aquel, o porque éste no me visita nunca y yo sí le comento siempre... jajaja. En definitiva, interrelacionar virtualmente, que para eso estan los blogs.
Os recuerdo que no os desespereis si tarda en salir vuestro enlace. Estaré fuera y quizas  internet no funcione muy bien, pero no os preocupeis que antes o después aparecerá con tada seguridad, palabra de conductora de bus.

Pd/Absteneros los tocapelotas, los revientareuniones, los sincerosdelculo, los sádicosdemierda ... y cualquier otro ejemplar de esta calaña porque ya estamos preparados (nos hemos surtido de artilugios, amuletos, hechizos, escudos protectores...)  y no conseguireis nada.


No dejeis de entrar aqui. Ardilla lo tiene perfectamente sistematizado: Preguntas y respuestas sobre los Sábados literarios de Mercedes
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jueves, 28 de enero de 2010

Este jueves, un relato: Vergüenza ajena

"Vergonzosos, vergonzosas..."




Vergüenza ajena: La que siente uno como propia por algo que otro hace o dice.

La secuencia siempre es la misma: Me miran, se miran, cuchichean, se sonríen, vuelven a cuchichear y después clavan sus ojos en mí. Entonces, sin saber cómo, comienzo a sentir algo muy intenso y extraño (difícil de explicar), que me sube desde los pies a una velocidad de vértigo; un calor que me recorre de abajo a arriba en un santiamén, y deja su ostensible huella en mi cara, como marca de mi vergüenza. Me pongo rojo como un tomate. Yo lo noto y ellos, también. Se burlan, lo sé. Al instante sus sonrisas se tornan en carcajadas y los cuchicheos en algarabía, y aún enrojezco más hasta el punto de creer que mi cara estallará en mil pedazos. Sé que es irracional, pero no puedo vencerlo. Soy lo peor que hay: “un cobarde”. No tengo derecho a nada.
Odio ser así. Me gustaría disfrutar con amigos, salir de copas, bailar; caminar por las calles sin temer a que alguien se fije en mí; hablar con chicas…estar sentado delante de usted sin este sentimiento de ridículo que tengo. ¿Qué pensará de mí, padre?
—¡Sécate las putas lágrimas! No hables así. No es de hombres.






Más vergüenzas aquí: Tésalo
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lunes, 25 de enero de 2010

¡FELIZ SEMANA!

Comienza una semana llena de posibilidades...
Esta mañana encontré por casualidad este video. La canción la había escuchado antes pero nunca en la voz de Shakira y me ha  emocionado; por eso quiero compartirla con vosotros.
¡Feliz semana!

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viernes, 22 de enero de 2010

¡Nueva Convocatoria! Sábados Literarios de Mercedes


El autobús de los Sábados literarios de Mercedes ha parado en Córdoba. Después de un hermosos recorrido por esta bella ciudad se ha estacionado muy cerca del Arco del Triunfo, en pleno Puente Romano, como podéis apreciar y su conductora, Mercedes, me ha cedido las llaves para que lo conduzca en su próxima convocatoria que será el 6 de Febrero.


Como comprobareis ya se han subido los habituales (si alguno falta que me lo haga saber, por favor) aunque sin billete por ello espero que se acerquen a la taquilla por el bien de esta empresa que nos hemos propuesto sábado tras sábado. Sin embargo, aún quedan muchos asientos vacios de manera que hago un llamamiento para todos vosotros que no habéis subido nunca. No perdáis esta oportunidad, somos una gente estupenda y estamos deseando compartir los excelentes relatos que adornan vuestros blogs.
Os aviso que soy una conductora inexperta y que es mi primera vez (…jajaja…en esto de los sábados) pero aprendo rápido y mis maestros han sido muy buenos. Si tenemos algún incidente, que no accidente (espero), la única responsable soy yo, así que las protestas a mí. Intentaré ir despacio para que os recreéis entre párrafos y versos y si en algún momento me embalo y piso a fondo el acelerador, me dais una voz y frenaré para que sigáis disfrutando de vuestro paseo. Se admiten canciones, así que ya podéis afinar las voces y cambiar las cuerdas a las guitarras.
El tema de esta excursión será: La segunda oportunidad

Seguro que en algún momento de tu vida has deseado que el destino te brindara una segunda oportunidad para amar, soñar, vivir, romper, negar, desear, escoger, besar, trabajar, decidir, olvidar, hablar, callar, perdonar…pues ahora puedes. Cuéntanoslo estamos deseando conocerlo. Se admiten relatos, poemas, haikus...
Las normas, las de siempre:
-Colgar el relato el sábado y dejarlo para que dé tiempo a leerlo a todos los participantes y enviar a mi blog el enlace, para que pueda subir el nombre de todos los ocupantes del bus.

No os preocupéis si tardo un poco en poner vuestro enlace, estaré fuera y me tengo que manejar con un internet de esos de modem usb que unas veces conecta y otras no (la tecnología), pero por la tarde ya estaré en casa y subsanaré si ha existido algún contratiempo.

Encantada de estar con todos y animaros, no lo pasaremos en grande.

Para los que no sabeis de que va esto pichar en este enlace: Preguntas más frecuentes  y se resolveran vuestras dudas y si no es suficiente, seguid preguntando que   yo estoy  a vuestra entera disposición.
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jueves, 21 de enero de 2010

Este jueves un relato: ¡Vacaciones!

SALIR FUERA DE AQUÍ





¡VACACIONES!

Un gusanillo me andaba por la barriga. No sé si de hambre o de nerviosismo. Mi madre me anunció en la cena que al día siguiente iríamos de vacaciones a la casa de la abuela. La noticia me sorprendió porque nunca íbamos cuando hacía frio y aquel invierno no paraba de nevar. Padre callaba mientras yo sorbía la aguada sopa con parsimonia, así duraba y me calentaba el estómago. Me acosté vestido, como siempre, desde que no podíamos encender la chimenea y tras la puerta entornada de mi dormitorio escuché murmullos y un extraño trajinar.




Me dormí pensando en el establo de los animales y en cómo me acurrucaría entre ellos para no sentir el frío. Nada más llamarme, me puse en pie. Adoraba las vacaciones y a mitad de curso aún más, sobre todo ahora que empezábamos a estudiar los quebrados; los odiaba. Me puse el abrigo y cogí una pequeña maleta. Con la luz apagada bajamos las escaleras de madera muy despacio para no molestar. Mi alegría contrastaba con las caras cansadas de mis padres por el madrugón.



En la calle, un aire gélido nos caló los huesos y nos arrimamos a la pared caminando pegados a ella, para protegernos. Nuestros pasos retumbaban por más empeño que poníamos en no hacer ruido. Al volver la esquina escuchamos voces, quise mirar para atrás, y saber de donde procedían pero me lo impidieron. Cada vez eran más altas y al torcer de nuevo, divisamos una larga fila de personas que portaban maletas y entre ellas divisé a mi mejor amigo. ¡Qué suerte, íbamos juntos de vacaciones!



Cuando me disponía a llamarle, mamá que sujetaba mi mano, me la apretó con tanta fuerza que casi me lastima y a la vez me susurró que me callara. Nos detuvimos en seco e intentamos volver atrás para salir por otra calle. Yo quería ir con mi amigo y gracias a unos soldados, de los que últimamente desfilaban por las calles, conseguimos llegar a la cola de los viajeros. Nos montamos en la parte trasera de un camión y me senté al lado de Ernest, mi amigo; charlábamos y reíamos haciendo planes para esos días de fiesta. Le enseñé las canicas que guardé en el bolsillo y le regalé una porque él olvidó las suyas. Llegamos a la estación y un tren nos esperaba para trasladarnos. Cómo éramos muchos nos hicieron subir a un vagón sin asientos. No entendía como coincidíamos tantos para ir de vacaciones a la vez.
Al poco se escuchó un piiiiii chucu chucu chu… y mi amigo y yo gritamos excitados ante el comienzo de la aventura.


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lunes, 18 de enero de 2010

Dolor



El dolor constante nos retrotrae a nuestro esencia mortal y finita; cuando éste nos imposibilita llevar nuestra vida diaria a cabo captamos el sentido de la invalidez. Nuestra vida se altera y en un plis plas, todo se desmorona como un castillo de naipes.
Dicen que el dolor es creativo; numerosos artistas crearon sus mejores obras(*) en pleno dolor, pero yo lo he intentado y no he conseguido mucho...jajaja. 
He sido obediente y he mantenido mi hombro y brazo derecho  en reposo durante dos días después de que me infiltraran. Mañana me realizarán pruebas exploratorias. A ver que encontramos. Espero que nada que no pueda solucionarse con rehabilitación, masajes, corrientes...o cosas similares. El quirófano me da un mal rollo espantoso.
Siento no haberos traído esta semana las anecdotas de Berta, quizas la  próxima.
Mañana comienza una nueva semana y os deseo lo mejor. Mientras, quiero compartir con vosotros  esta bella cancion y la imágenes de la película Titanic.



(*) Frida Khalo, Sigmund Freud, Munch...
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jueves, 14 de enero de 2010

¡Este jueves un relato!: Castigo de los dioses



Mito




Castigo de los dioses

Tenía una vida, que no era tal; una ilusión que me sostenía en pie y un deseo que me ayudaba a sobrevivir ante el martirio de enfrentarme al nuevo día.
Quería cambiar de vida. Salir de aquel infierno y estirar los brazos para poder asir lo mínimo para ser feliz: algo que llevarme a la boca, algo con lo que cubrirme y algo por lo que sonreír.
Me ofrecieron una nueva vida, lejos de la desdicha, la pobreza, la destrucción, la lucha fratricida, la intolerancia religiosa…

Acepté el cambio de vida. Me trasladaron en un sucio camión junto con otras chicas, amigas, vecinas… desconocidas. Muchos días de viaje soñando. Hambre y sed, calmadas con las lágrimas de la alegría ante lo que se avecinaba.

En mi recién estrenada vida no sé si es de día o de noche, si el cielo es azul o gris. Me muevo, entre las destartaladas paredes de esta vieja casa con las ventanas tapiadas, como una autómata, siempre dispuesta a la llamada. No hay nada por fuera de esto. Todo mentira.

Los dioses me han castigado por mi soberbia y mi orgullo; por mi ansia de querer escapar de mi tormento, de ambicionar más de lo que poseía; por desear no escuchar el estrépito de mi estómago vacío, no sentir el frio que calaba mis huesos o no oler la podredumbre de la indigencia. ¡Qué estúpida! ¿Cómo pude ser tan ingenua? ¿Cómo me dejé embaucar por aquel individuo? ¿Cómo me cegué por sus promesas? Me engañó con sus ofrecimientos: Una vida normal, un trabajo decente, dinero suficiente para ayudar a mi familia… y ¿qué me ha dado? Miseria y más miseria. Vejación y desprecio.

Salí de un infierno para meterme en otro. Me siento como Sísifo (1), cumpliendo una condena eterna por mis pecados. No quiero una muerte en vida.
—Tamara, prepárate que tienes un nuevo cliente.


(1) Mito de Sísifo: Sísifo, dentro de la mitología griega, como Prometeo, enfadó a los dioses que como castigo le condenaron a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, y así indefinidamente.




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martes, 12 de enero de 2010

La culpa fue del...



Anécdotas navideñas
La culpa de que la Nochebuena la pasáramos en el servicio de urgencias fue del cochinillo o no.
Este año, mi hermana Lola, en cuya casa nos reuníamos, se empeñó en asar un lechón al más puro estilo segoviano, siguiendo una receta de su amiga Merce, que la heredó de su abuela y que sólo daba a sus más íntimas.
Nos encontrábamos sentados alrededor de la mesa ovalada de palisandro y nogal, cuando apareció con la bandeja en las manos, algo bamboleante por el peso, pero con una gran sonrisa de satisfacción. Con suavidad la depositó en un extremo. A mi lado, como de costumbre, se sentaba Raquelita, mi sobrina nieta.
—¡Vaya! Me dejé atrás el cuchillo de trinchar —dijo Lola antes de dar una revolandeta y perderse de vista por el pasillo.
Todos contemplábamos al cerdito despanzurrado cuyo color rosado se había vuelto dorado por efecto del calor del horno. Sus opacos ojos nos miraban sin vernos; su morro brillaba bañado por la grasa que sudaba y el fino rabito caracoleaba en el borde de la fuente. Sentí un apretujón en el estómago y una sensación de vacío que no supe interpretar.
—¡Ya estoy aquí! —exclamó mi hermana con el cuchillo en la mano antes de proceder a hincarlo en el tostón.
Entre las voces de mis parientes que reían y charlaban, y los niños tocando la pandereta, comencé a escuchar un ruido que se iba intensificaba por momentos. Raquelita sorbía la mucosidad que su incipiente llanto, segregaba en su nariz. Volví mi cara hacia ella, para tranquilizarla, en el  justo instante en que de su garganta escapaba un ¡Noooooooooooooooooo! a cientos de decibelios.
Ese alarido coincidió con el de mi hermana, aún más alto, en el que nombraba a Dios y su corte celestial junto a una retahíla de figuras terrenales paternas y palabras escatológicas. Giré bruscamente la cabeza y comprobé con estupor cómo la sangre regaba al animalito mientras Lola apretaba una mano contra la otra, para detener la hemorragia. El despavorido ¡No! de Raquelita, contribuyó a que mi hermana se trinchara el dedo gordo en lugar de la patita del animalito.
Las urgencias, saturadas como es habitual, nos retuvieron en el hospital hasta que sobre las tres de la madrugada un amable y joven médico residente, con primor, cosió la herida; no sin antes cerciorarse de que el ligamento del pulgar estuviera intacto.
A nuestra vuelta, la niña seguía llorando desconsolada, en brazos de su padre, porque su madre había cocinado a uno de los tres cerditos.
¡L'enfants terribles...!





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jueves, 7 de enero de 2010

Este jueves, un relato: "Despecho"




Despecho: Malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos
en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad. (RAE)



Despecho narcicista

—¿Pero qué pasa, tío? ¿Duermes o te haces el dormido? Anoche dejaste las cosas a medio terminar. Es hora de finalizarlas.
Escucho las palabras que salen de la garganta de esa mujer que no reconozco, acompañadas de una sonora carcajada que retumba en mí golpeándome la cabeza.
Un hormigueo recorre mi estómago y un escalofrío me sube por la espalda. ¿Qué cojones dice esta puta pelirroja?
—¿Qué haces en mi cama?
—¿No te acuerdas de mí?  Anoche tomamos unas copas y bailamos en la discoteca. Te dedicaste a sobarme y cuando te excitaste me pediste que viniera a tu casa.
Mientras dice esto, mete la mano debajo de las sábanas y toca mi flácido pene.
—¡No me toques! —grito a la vez que le aparto la mano con violencia.
No estoy dispuesto a dejarme embaucar por menuda zorra. Siempre actúan de la misma forma. Primero todo es perfecto y luego todo son inconvenientes. Te usan y te tiran como si fueras un pañuelo de papel.
—¡Eres un imbécil! —me arroja a la cara—. Bien que anoche me suplicabas que te manoseara. ¡Tío, eso que tú tienes entre las piernas es una piedra!
—Eso pasó porque tú eres una puta asquerosa que no sirves para calentar a un hombre como yo. ¡Vamos, fuera de mi cama, no te quiero aquí!
La empujo hasta que consigo que caiga rodando al suelo. Me levanto rápido y la veo a cuatro patas busca su ropa interior debajo de la cama. Me gusta este espectáculo, como un animal, humillada ante mi poder. Se ha asustado y eso es bueno, así sabrá con quién se las juega. Me acerco a la silla, cojo su vestido y se lo arrojó a la cara.
—Te doy cinco segundos para que te vistas y te vayas de aquí, ¡furcia!
—¡Tú a mí no me llamas furcia, cabrón!
Arremete contra mí intentando golpearme con los puños en mi pecho desnudo.
—¡Eres un impotente de mierda!, ¡de eso se va a enterar todo el mundo!
¿Cómo se atreve a llamarme eso?
—¡Venga, repítelo si te atreves! ¡Puta!
Agarro sus muñecas y le retuerzo los brazos a la vez que sonrío.
—¡Venga! ¡Vamos, repítelo!
Me acerco tanto a su oreja cuando le hablo que le meto la lengua dentro de ella y me rechaza echándose hacia atrás. No quiere sentirme cerca, pero no puede evitarme. Me río a carcajadas. Hay lágrimas en sus ojos y observo fijamente cómo caen por sus mejillas. Me gusta. Ahora ya no es más que una piltrafa.
Su pelo revuelto cae sin forma por la cara. Me desafía con la mirada, pero calla. No se atreve a repetir la injuria que antes me ha lanzado.
Comienzo a besarla y la muy tonta responde abriendo la boca. Piensa que así me calmaré. Me deja hurgarle con la lengua y noto en mi pecho cómo sus sonrosados pezones se ponen tiesos. Le gusta, está excitada. Quiere que le haga daño y se lo voy a hacer. Cuando menos lo espera, le muerdo hasta que saboreo la salada sangre. Entonces la aparto de mí, le suelto los brazos y me limpio sin perderla de vista.
Se toca el labio dolorido y sangrante mientras balbucea algo que no alcanzo a entender y se viste con la cabeza gacha.
—Cuando salga del cuarto de baño procura que no te encuentre aquí. ¡Ah! Que quede claro que tú y yo no nos conocemos.
Oigo un portazo. Por fin solo. La maldigo con todas mis fuerzas. Una ducha me ayudará a despejarme y olvidar el incidente. Ha tenido lo que se merece.

Fragmento de mi novela "La caricia de Tánatos"


 
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sábado, 2 de enero de 2010

Sábados Literarios de Mercedes: "He tenido un sueño"



Un leve temblor seguido de un escalofrío me sacaron del profundo sueño. Lo primero que advertí fue una sensación de tirantez en la espalda. Estiré con dificultad el brazo hasta aquella zona y aprecié una pequeña elevación, como un suave montículo en un aplanado valle. Cerré los ojos y me dormí.
Al poco, una desagradable impresión me volvió a sacudir. La tirantez había desaparecido pero se adivinaba algo extraño en esa zona. Me incorporé y salté apresurado de la cama.
Me planté delante del espejo para contemplar pasmado como unas enormes alas grises enmarcaban mi figura. Cerré los ojos con fuerza. Quería que desaparecieran. Uno, dos…, cinco segundos.
Al abrirlos me hallaba de pie en el estrecho alfeizar de la ventana, de un piso muy alto. Miré hacia abajo y todo se desdibujó envuelto en el torbellino fabricado por mi temeroso cerebro. Un espasmo en el estómago y una arcada me recordaron  mi pánico a las alturas; me pegué al cristal como una lapa, intentando asirme a un inexistente agarre.
Llevaba años viviendo bajo tortura del miedo y el martirio del pánico. Tan sólo, la tranquila soledad, remanso de paz en la incesante angustia que atenazaba mi relación con el mundo y sus pobladores, me proporcionaba momentos de satisfacción. Necesitaba volver a la seguridad de mi cama.
Un gran pájaro se acercaba a mí con sus alas blancas extendidas e inmóviles provocando que mi corazón se disparara en una salva incontrolable de latidos; también me asustaba todo lo que volaba. A pocos centímetros de mi cara se detuvo bailando una bella y pausada danza. No podía dejar de mirarle. Me hipnotizó.
Sin saber cómo empecé a imitarle. Agité las alas, suavemente al principio y luego, con energía. Al poco, volaba escoltado por una bandada de aves, siguiendo a la danzarina de níveas alas.
Una maravillosa sensación de libertad me invadía, a medida que surcaba el aire y me arropaban las nubes, contemplando la belleza que se extendía a mis pies. Los ocres interrumpidos por los verdes y dorados; los azules confundidos con los blancos y los marrones salpicados de variopintos colores conformaban un arcoíris de exultante hermosura.
Bajamos en picado y nos acercamos revoloteando a los juegos de los niños, a los besos de los amantes, a la felicidad de los padres, a la diversión de los amigos…Me encontraba entre humanos y no sentía miedo; circundaba el mundo, y la ansiedad no me oprimía. Por primera vez, en mucho tiempo, era feliz.
Desperté, en mi cama, con una amplia sonreía.
He tenido un sueño en el que me sentía libre.
He tenido un sueño que me devolvía a la vida.
He tenido un sueño o, ¿era realidad?
 

 
Más sueños en el blog de Gustavo nuestro primer conductor del año 2010

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